Melanie tenía la sensación de haber aumentado de
temperatura. Abrió los ojos lentamente, mientras enfocaba las imágenes. El frío
que la había aterido la noche anterior se había marchado en alguna hora de la
noche, sin que ella se enterara. Melanie abrió los brazos para estirarse y
entonces notó algo por detrás de ella: una piel muy suave y calurosa estaba
estirada a su lado. Se serenó y se tranquilizó, pero solo durante unos minutos,
porque apenas después de haberlo pensado un poco había entendido que eso no era
normal. ¿Quién se había preocupado por ella y le había puesto una manta cerca?
Esperaba que ese alguien no le hubiese dicho a su padre que la había visto y dónde…
aun seguía decidida en no volver hasta que hubiera conseguido controlar un poco
más su genio. Se levantó y entonces se quedó parada donde estaba, con los ojos
abiertos como platos. Retrocedió unos cuantos pasos hacia atrás, hasta llegar a
un árbol. Lo que acababa de ver la había dejado atontada. La piel cálida que
durante la noche la había tapado, eran más bien la piel y su dueño. Un lobo
gris de enormes dimensiones, que la miraba tranquilo. Pero Melanie no estaba
tranquila. Presentía que no le haría daño, ya que había estado con ella esa
noche pero prefería no hacer movimientos bruscos para no asustarlo. Se
preguntaba el por qué no haberla atacado y en cambio haberla calentado con su
largo pelaje. El lobo profirió un aullido mientras se incorporaba. Melanie se
estremeció. Se sentó encima de la nieve helada, se abrazó las piernas y se puso
a respirar alteradamente. Le daba miedo lo que podía hacerle. Siempre, desde
pequeña, le habían enseñado que los lobos eran animales salvajes y era mejor
evitarlos. Lobos que atacaban a cazadores, campesinos y otros animales. Una
bestia sin corazón, en resumen. El lobo
se giró de golpe hacia un lado del bosque, justo en la dirección de donde poco
después salió una hermosa mujer que Melanie no había visto nunca. Tenía el pelo
rojo, era alta, flaca, llevaba una larga capa de pieles y, por los movimientos
y por como caminaba sigilosamente por los árboles, era muy ágil. Con las manos
en alto, haciéndole notar que no iba a hacerle daño, se acercó. Sonrió al ver a Melanie y exclamó:
-vaya, si que te pareces a tu madre.
Melanie se sorprendió ante ese comentario. Nunca
había visto a esa mujer, pero por lo visto ella sí que había conocido a su
madre. No dijo nada, sin saber aún si fiarse.
-Eres lista, no te fías.
No obtuvo respuesta. Melanie también había
escuchado historias sobre brujas.
-Me imagino que estarás pensando que soy una
hechicera o algo peor, ¿no?
-una bruja-la corrigió. La mujer sonrió complacida
al ver que había conseguido sonsacarle unas palabras.
-Ven, sígueme,- le indicó.- te acompaño a mi casa.
Mi Snow te ha calentado durante la noche, pero parece que tienes fiebre.
-¿Snow…?
-ah, perdona. Te presento a Snow, uno de mis
lobos.
-usted… ¿usted tiene lobos?
-claro, tengo cuatro. Bueno Melanie, sígueme por
favor.
Melanie se sorprendió aún más al saber que la desconocida
también sabía su nombre.
-nosotras… ¿nos conocemos?
La mujer, que se había girado, sonrió y se volvió
a girar hacia Melanie.
-no
personalmente. Entonces, ¿te quieres quedar aquí o venir a beber un buen té
cerca de un fuego? Además, te tendrías que cambiar.
Melanie se miró el vestido y concluyó que tenía
razón. Pero seguía sin fiarse. La hermosa mujer lo percibió.
-no te preocupes, te puedes fiar de mi. No pienso
ir a decirle a tu padre que te he visto aquí. Tu madre ya me dijo que algo así
pasaría…
Melanie no pudo contener la exclamación de
sorpresa y decidió fiarse y seguirla. Caminaron entre árboles y nieve durante
un tiempo que a Melanie le pareció infinito. Ninguna de las dos dijo nada en
todo el recorrido y Melanie seguía sin fiarse del todo del lobo que las seguía
a pocos metros de distancia. De vez en cuando se acercaba a la mujer, que le
acariciaba cariñosamente. Entonces se enteró que no sabía el nombre de esa
mujer, ni porque la ayudaba.
-perdone, ¿quién es usted?
-ya decía yo que tardaba en llegar esa
pregunta.-suspiró.- hace ya cinco años que vivo en el bosque, alejada de todos.
Tengo unos 32 años y me fui a los 16 de casa, junto a mi hermana. Ella se fue
al pueblo de al lado y yo viajé un poco por el país. Cuando estuve harta de
todo, de los borrachos, de los ladrones y de los maliciosos ricos, me vine
aquí.
Habían llegado a una casita blanca, que se
camuflaba perfectamente con el paisaje. Tenía al lado un pequeño corral, donde
se podían ver gallinas y conejos. La casa tenía cuatro ventanas de madera y había
un banco de piedra justo debajo de un pino. La mujer siguió.
-encontré esta casita que estaba en un estado
aceptable. Arreglé como puede lo que estaba mal y entonces encontré a estos
adorables animales y compañeros. Desde entonces tengo como una pequeña “lucha” en
contra a los cazadores y mi cabeza tiene precio en el reino.
-y ¿no has vuelto nunca a el pueblo?
-solo una vez, pero no por una buena razón. La
muerte de mi hermana…
Melanie no necesitaba saber su nombre, porque ya
sabía quien era pero la dejó seguir.
-Soy tu tía Alice, Melanie.
No lo he leído todo pero leí el principio y...
ResponderEliminarya no lo entendí!
Quando lo lea te diré
jajaja! para leerlo todo y no liarte tienes que ir hasta el principio del blog, la entrada más antigua :)
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