jueves, 7 de marzo de 2013

2.- Confusión




Melanie tenía la sensación de haber aumentado de temperatura. Abrió los ojos lentamente, mientras enfocaba las imágenes. El frío que la había aterido la noche anterior se había marchado en alguna hora de la noche, sin que ella se enterara. Melanie abrió los brazos para estirarse y entonces notó algo por detrás de ella: una piel muy suave y calurosa estaba estirada a su lado. Se serenó y se tranquilizó, pero solo durante unos minutos, porque apenas después de haberlo pensado un poco había entendido que eso no era normal. ¿Quién se había preocupado por ella y le había puesto una manta cerca? Esperaba que ese alguien no le hubiese dicho a su padre que la había visto y dónde… aun seguía decidida en no volver hasta que hubiera conseguido controlar un poco más su genio. Se levantó y entonces se quedó parada donde estaba, con los ojos abiertos como platos. Retrocedió unos cuantos pasos hacia atrás, hasta llegar a un árbol. Lo que acababa de ver la había dejado atontada. La piel cálida que durante la noche la había tapado, eran más bien la piel y su dueño. Un lobo gris de enormes dimensiones, que la miraba tranquilo. Pero Melanie no estaba tranquila. Presentía que no le haría daño, ya que había estado con ella esa noche pero prefería no hacer movimientos bruscos para no asustarlo. Se preguntaba el por qué no haberla atacado y en cambio haberla calentado con su largo pelaje. El lobo profirió un aullido mientras se incorporaba. Melanie se estremeció. Se sentó encima de la nieve helada, se abrazó las piernas y se puso a respirar alteradamente. Le daba miedo lo que podía hacerle. Siempre, desde pequeña, le habían enseñado que los lobos eran animales salvajes y era mejor evitarlos. Lobos que atacaban a cazadores, campesinos y otros animales. Una bestia sin corazón, en resumen.  El lobo se giró de golpe hacia un lado del bosque, justo en la dirección de donde poco después salió una hermosa mujer que Melanie no había visto nunca. Tenía el pelo rojo, era alta, flaca, llevaba una larga capa de pieles y, por los movimientos y por como caminaba sigilosamente por los árboles, era muy ágil. Con las manos en alto, haciéndole notar que no iba a hacerle daño, se acercó.  Sonrió al ver a Melanie y exclamó:
-vaya, si que te pareces a tu madre.
Melanie se sorprendió ante ese comentario. Nunca había visto a esa mujer, pero por lo visto ella sí que había conocido a su madre. No dijo nada, sin saber aún si fiarse.
-Eres lista, no te fías.
No obtuvo respuesta. Melanie también había escuchado historias sobre brujas.
-Me imagino que estarás pensando que soy una hechicera o algo peor, ¿no?
-una bruja-la corrigió. La mujer sonrió complacida al ver que había conseguido sonsacarle unas palabras.   
-Ven, sígueme,- le indicó.- te acompaño a mi casa. Mi Snow te ha calentado durante la noche, pero parece que tienes fiebre.
-¿Snow…?
-ah, perdona. Te presento a Snow, uno de mis lobos.
-usted… ¿usted tiene lobos?
-claro, tengo cuatro. Bueno Melanie, sígueme por favor.
Melanie se sorprendió aún más al saber que la desconocida también sabía su nombre.
-nosotras… ¿nos conocemos?
La mujer, que se había girado, sonrió y se volvió a girar hacia Melanie.
 -no personalmente. Entonces, ¿te quieres quedar aquí o venir a beber un buen té cerca de un fuego? Además, te tendrías que cambiar.
Melanie se miró el vestido y concluyó que tenía razón. Pero seguía sin fiarse. La hermosa mujer lo percibió.
-no te preocupes, te puedes fiar de mi. No pienso ir a decirle a tu padre que te he visto aquí. Tu madre ya me dijo que algo así pasaría…
Melanie no pudo contener la exclamación de sorpresa y decidió fiarse y seguirla. Caminaron entre árboles y nieve durante un tiempo que a Melanie le pareció infinito. Ninguna de las dos dijo nada en todo el recorrido y Melanie seguía sin fiarse del todo del lobo que las seguía a pocos metros de distancia. De vez en cuando se acercaba a la mujer, que le acariciaba cariñosamente. Entonces se enteró que no sabía el nombre de esa mujer, ni porque la ayudaba.
-perdone, ¿quién es usted?
-ya decía yo que tardaba en llegar esa pregunta.-suspiró.- hace ya cinco años que vivo en el bosque, alejada de todos. Tengo unos 32 años y me fui a los 16 de casa, junto a mi hermana. Ella se fue al pueblo de al lado y yo viajé un poco por el país. Cuando estuve harta de todo, de los borrachos, de los ladrones y de los maliciosos ricos, me vine aquí.
Habían llegado a una casita blanca, que se camuflaba perfectamente con el paisaje. Tenía al lado un pequeño corral, donde se podían ver gallinas y conejos. La casa tenía cuatro ventanas de madera y había un banco de piedra justo debajo de un pino. La mujer siguió.
-encontré esta casita que estaba en un estado aceptable. Arreglé como puede lo que estaba mal y entonces encontré a estos adorables animales y compañeros. Desde entonces tengo como una pequeña “lucha” en contra a los cazadores y mi cabeza tiene precio en el reino.
-y ¿no has vuelto nunca a el pueblo?
-solo una vez, pero no por una buena razón. La muerte de mi hermana…
Melanie no necesitaba saber su nombre, porque ya sabía quien era pero la dejó seguir.
-Soy tu tía Alice, Melanie.


                                         

2 comentarios:

  1. No lo he leído todo pero leí el principio y...
    ya no lo entendí!
    Quando lo lea te diré

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  2. jajaja! para leerlo todo y no liarte tienes que ir hasta el principio del blog, la entrada más antigua :)

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