Lance mejoraba y cada día se le veía mejor. Alice
le ayudaba a mover el brazo y el hombro cada día unos centímetros más y no le
dolía al moverlo. Aun así, por las noches tenía fiebre y pesadillas. Melanie,
que había puesto un saco de paja en el suelo de la misma habitación para no
perderlo de vista, lo oía de noche. Gritaba nombres y llamaba al fuego. Cuando
pasaba, la chica se levantaba enseguida y con un trapo mojado le mojaba la
frente. Le cuidaba tanto porque se sentía culpable. No se habían cruzado muchas
palabras entre ellos, pero Alice había notado como Lance miraba a su sobrina.
Entre curiosidad y respeto. Hasta que un día se atrevió a preguntarle a
Melanie:
-tu… ¿no confías del todo en mi, crees que soy
como mi primo Martin, verdad?
Melanie suspiró antes de responder.
-tenéis la misma sangre…y no debes de ser muy
diferente a él.
Lance sonrió.
-si es por eso, te equivocas… me encontraron hace
diecisiete años. Antes, según me contaron, vivía junto a mis padres en una
granja, cerca de la carretera que llevaba a Scoltric, el pueblo de al lado. Un
día…-paró de hablar durante unos segundos, meditando lo que decir y lo que era
mejor callar. O eso le pareció a Melanie, que lo escuchaba interesada. Al
principio intentó parecer aburrida y desinteresada, pero pronto quiso saber la
historia de ese joven-un día me llevaron al pueblo. Me dijeron que mis padres
habían muerto. Apenas tenía tres años, no me acuerdo muy bien de ellos. Me
dejaron en la plaza y mi padre, el hermano del padre de Martin, me vio. Todos
dicen que vio en mi algo, pero yo creo que lo hizo solo porque necesitaba un
heredero. Tenía solo tres hijas chicas y al verme sin padres…pero bueno, ahora
a él le considero mi padre y al resto de su familia la mía también.
-por alguna casualidad… ¿hubo un incendio?
-mis padres murieron en un incendio. La granja se
incendió y yo fui el único superviviente… ¿pero tú como lo sabes?
-yo…te oigo en sueños, más bien en pesadillas.
-Lo siento, no puedo evitarlo. Las tengo desde
pequeño. A lo que íbamos, yo no tengo la misma sangre de mi primo.
-lo siento…lo siento por ti, lo digo de verdad. Y
aunque no tengas su misma sangre, debéis de tener los mismos ideales.
-no, tampoco tanto…no estoy del todo de acuerdo
con todo lo que tú dices, pero…te respeto.
-ya…pero no puedo decir lo mismo yo.
-eres testaruda, ya lo veo- y soltó unas risotada.
Pero se volvió en un lamento doloroso. Melanie se levantó, pero con un
movimiento de la mano Lance la hizo retroceder.
-¿disparas flechas a todos los que te espían
mientras te bañas?
-e-es culpa tuya… n-no deberías haberme
espiad-do…-balbuceó Melanie.
-Pasaba por allí y…
Alice entró en la habitación. Se sorprendió al
verlos hablar.
-lo siento si os interrumpo…
-¡Para nada tía! Justo ahora me voy… te dejo a su
cuidado.
-¡espera Melanie! Os tengo que decir una cosa a
los dos. Lance ya está del todo curado y dentro de dos días ya podrá irse.
-¡Genial!-exclamó Melanie. Estaba contenta de
perder de vista a aquel pesado.
-ya, pero hay un problema…y me avergüenzo de
preguntártelo Lance…
-Me imagino lo que me quieres pedir… quieres que
no os delate, ¿verdad? No os preocupéis por eso… claro, me habéis (bueno,
Melanie me ha) clavado una flecha en el hombro… pero me habéis ayudado después.
Seré bueno y no diré nada.
-yo no sé cómo agradecértelo, ¡en serio!
A Melanie le había molestado el “seré bueno”… y no
pudo evitar hacerlo notar.
-Por favor…”seré bueno”… ¡bah!
Alice la miró enojada y su sobrina salió del
cuarto. Se disculpó con Lance y la siguió.
En el castillo.
Las paredes estaban adornadas con cuadros y
estatuas de todos los antepasados del rey. Algunos gordos, otros flacos, altos,
bajos…de todo. Y todos habían sido reyes y reinas y todos se habían sentado en
el trono. El actual rey estaba acompañado por su esposa, sus dos hijas y tres
hijos, uno de los cuales de su antigua mujer. El bufón también le acompañaba y
el escriba, el cocinero, el general del ejército y el mensajero. Frente a él,
arrodillado, se encontraba Martin.
-Ya sabía yo algo de que estabas buscando a una
chica. Varios hombres te están ayudando, pero hoy has venido aquí para pedirme
ayuda a mí. Y todo esto por orgullo, porque esa jovencita no ha querido casarse
contigo…
-Mi majestad, no sólo es por esto. Usted debería
haber visto como le hablaba a su padre, al mío y a mí… y se ha escapado al
bosque, sin casarse. Esto podría costarle la vida, porque según la ley... “si
una joven se niega a casarse con el hombre elegido por el padre, si el
prometido lo consiente, podrá ser ejecutada”.
-Conozco la ley, señor Gunter, y también a su
padre. Hizo algunos trabajitos para mí, y sé que puedo confiar en él. Es
honesto y hace bien su trabajo. Jack,-dijo dirigiéndose al general- envíale a
unos cinco hombres tuyos a este joven. Que hagan todo lo que él les mande. El general
asintió y tras inclinarse ante el rey se marchó. Martin esperaba un poco más de
hombres bajo sus órdenes, pero igualmente lo agradeció. Cogió al caballo de la
cuadra y se dirigió a su casa. Llevaba dos semanas sin ver a su primo y nadie
sabía nada de él. Si pasaban dos días y aún no volvía, habría salido el mismo a
buscarlo. Claro que antes tenía que encontrar a esa cretina de Melanie.
La habían buscado por todo el norte del bosque y
solo habían encontrado una cosa: el vestido que él le había regalado. Y eso le
había hecho odiarla mucho más, si era posible. Picó a la puerta y la criada le
abrió. Sin dirigirle la palabra le dejó la capa y se asustó al sentir la mano
de alguien en el hombro, la de su primo Lance, que después lo abrazó.
-¿pero dónde has estado todo este tiempo?
-Bueno…había ido al bosque y me perdí… me costó
encontrar el camino de vuelta, pero como ves, ¡estoy aquí!
Martin le golpeó el hombro amistosamente. Lance
intentó no hacerle notar que le dolía, pero palideció un poco.
-¿Estás bien, primo?
-sí, solo es un golpe, nada de preocupante…
-me alegro que sea así, si no ¿Quién practicaría
conmigo la espada? Ya que has estado en el bosque, ¿no habrás visto a esa
tonta?
-¿tonta?... ¿qué tonta?
-a Melanie. Te hablé de ella, ¿no te acuerdas?
- oh, ahora me acuerdo. No, no la vi. – Lance
nunca llamaría a Melanie tonta. Tampoco había creído nunca en el amor a primera
vista. Pero no había podido evitarlo. La había visto cada día ocuparse de él,
mojarle la frente cuando tenía fiebre, hablar con él (aunque siempre acabara
enfadada) y simplemente estar. El carácter que a su primo le había parecido
demasiado poco apto para una mujer, a él le encantaba. Y sobre todo, pero no
por eso se había enamorado, era muy guapa. Y nunca la traicionaría. Es más,
tenía pensado volver a esa casa para visitarle a ella y a su tía.
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