-tía, ¿dónde se fue ayer Lance después de venir?
No lo vi irse.
-no te saludó porque no quería molestarte.
-ah. Y ¿adónde se fue?
-pues...yo diría...que a su casa...a dormir... ¿no?
Melanie frunció el entrecejo.
-¿de verdad?
-sí, ¿por qué tendría que mentirte?- se defendió
Alice.
Melanie se estrechó de hombros. “Ya, ¿por qué tendría
que mentirme?”
-tía, tu... ¿crees que podríamos impedir que el
plan de Martin funcione?
-¡sin duda! No te preocupes que tu hermana no se
tendrá que casar con ese muchacho. Todos los planes se puede impedir que se hagan,
solo hace falta saber cómo.
Melanie le sonrió agradecida. Tenía razón, después
de todo. ¡Aun podían evitarlo!
-ya te ha crecido el pelo.-dijo su tía para
cambiar de tema.
-sí.-respondió Melanie tras habérselo peinado con
la mano, ya más contenta y esperanzada.- Tendré que atármelo para usar el arco,
se me podría enredar.
-pues ya que lo has dicho, ¿por qué no vas a practicar
un poco? Llevas tres días sin salir con
Guts y tu arco.
-¡salgo ahora mismo!-cogió el arco de madera y
unas cuantas flechas. Si quería ir a salvar a su hermana, tenía que estar lista,
¿no? Se puso una capa para que no la reconocieran si alguien la llegaba a ver y
se disponía a salir cuando su tía añadió:
-pero no vayas muy lejos.
-tranquila, Alice, estaré apenas a diez minutos. Si
me necesitas suena la campanita. ¡Adiós!
Cuando ya estuvo fuera, silbó para llamar a Guts.
-venga, ¡Guts! ¿Qué te parece si hacemos una carrerita hasta esos robles?
El lobo le respondió con un aullido y saltándole
encima. - ¿listo? Tres...dos...uno... ¡ya!
Salieron disparados, como cohetes. Iban saltando
de piedra en piedra, encima de las raíces, evitando árboles y riendo. Como se
puede imaginar, llegó primero Guts, que lo celebró con su compañera, que se había
quedado atrás. Cuando por fin llegó a la meta, estaba sudada y jadeaba, apoyándose
a un roble y doblada en dos.
-¡siempre me ganas!-le recriminó entre un respiro
y otro.- ¡no es justo! El día que te gane, será tu día malo.
El lobo le chupó la cara.
-¡Guts! ¡Ya te he dicho mil veces que no lo hagas!
Bueno, hemos venido aquí para practicar con el arco. Así que, ¡manos a la obra!
Melanie decidió que la diana sería un roble ya
viejo y bastante estrecho. La primera flecha se clavó en el tronco de al lado.
La segunda casi acaba en Guts, que se apartó a tiempo. La tercera ya se clavó
en el árbol, pero a quince centímetros de distancia de la diana. Pero antes de
disparar la cuarta, una voz la interrumpió.
-tensas demasiado el arco. Mira, suéltalo un poco.
Se le acercó y le cogió la mano y le enseñó,
cogido a sus manos, como disparar. Cuando la flecha salió dispara en dirección
de la diana, se clavó en el medio.
-¡muy bien!. Ahora lo sabes. Tenías más puntería
cuando me disparaste a mí.
Y soltó una carcajada. Melanie bajó la cabeza para
que Lance no se enterara que ella también estaba sonriendo. Cuando por fin pudo
ponerse seria, le explicó.
-cuando te disparé a ti, estaba muerta de miedo y
la puntería me mejoró sola. Ahora estoy bastante contenta, pero no creas que es
porque estés tú aquí. Así que, ¿para qué has venido?
-te estamos esperando en casa. Hay una sorpresa
para ti.
Melanie se fijó en sus ojos, de un verde oscuro
intenso y notó alegría en ellos. En un momento, se imaginó la sorpresa. Abrió
la boca para decir algo, pero se fue corriendo hacia el refugio. Si era esa la
sorpresa, ¿había traído a su hermana Martina? Guts la seguía desde muy cerca,
pero ella corría como una loca. Al llegar, ya no tenía aliento. Intentando
recomponerse abrió la puerta de un tirón y sus dudas se verificaron. Martina,
mas confundida que nunca y pálida estaba sentada en el sofá con Alice. Pero
también había otra sorpresa.
-hermanita, ¡tienes el pelo mas rizado que nunca!.¡Será
la humedad!.- le dijo Carlos, a sus espaldas. Cuando Melanie se giró con los ojos
fuera de las órbitas por verle allí, se puso a reír y se abrazaron. Mientras,
Martina también se había levantado y estaba esperando su turno para abrazarla.
Cuando acabaron de saludarse, Lance ya estaba en la puerta de la cocina y todos
los demás se habían sentado alrededor de la mesa.
-pero, ¿cómo habéis llegado hasta aquí?-quiso
saber Melanie.
-todo gracias a ese chico-le indicó
Martina.-Lance.
Cuando Melanie le miró, en su rostro ya no había
odio hacia él, sino agradecimiento y por primera vez se perdió en sus ojos.
-llegó esta mañana a casa con una carta para
Martina.-la despertó Carlos.
-pero yo no sé leer-añadió ella. Alice se sonrojó.
-lo había pasado por alto.-se excusó.
-padre no estaba en casa y solo estábamos Carlos y
yo. Ya que la carta no servía para nada, nos lo explicó todo él.
-¡me costó mucho convencerles!-dijo Lance.
-bueno, es que si uno viene, dice que conoce a tu
hermana que se ha escapado, que el ex prometido de ella quiere casarse contigo
para tenderle una trampa y que ha venido a salvarte, uno se queda un poco
inseguro.
-y ¿por qué está Carlos? ¡A él no querían
casarlo!-exclamó Melanie divertida. Había vuelto a estar serena y contenta.
Hasta había recuperado un poco el humor. Y Lance no se equivocaba. La Melanie
feliz era mil veces mejor que la enfadada.
-¡ya sé que no querían casarse conmigo! Pero no
quería quedarme solo y sin vosotras...además ¡también os tengo que proteger!
-pues, Carlos, ¡yo me puedo proteger sola
perfectamente!.-le respondió Melanie –tengo un arco y se cómo utilizarlo.
Un montón de carcajadas llegaron de la parte de
Lance. Todos le miraron sorprendidos.
-¿nos podrías explicar que hace tanta gracia?
-¡es por cómo nos conocimos Melanie y yo!
-¿da tanta gracia como os conocísteis?-Martina
miró sorprendida a su hermana, que estaba muy roja, lo que resaltaba porque, al
ser pálida, se le ponían las mejillas muy moradas.- ¡quiero saberlo!
-Melanie, ¿quieres explicarlo tú?-le pregunto amablemente
Lance.
-no, no...¡Da igual!.-le aseguró tapándose la cara
con las manos.
-venga, ¡queremos saberlo!
-pues yo iba por el bosque, cuando llegué cerca de
un lago. Me acerqué y cuando estaba a punto de llegar a la orilla...
-no es que estabas llegando, ¡me estabas espiando!
Lance hizo como si nada.
-pues cuando estaba llegando, a vuestra hermana se
le mejoro la puntería y me disparó. La flecha se me clavó en el hombro, por
suerte, pero me desmayé. Luego ya no me acuerdo.
-resulta que Guts y yo te trajimos hasta esta
casa, y entonces mi tía Alice te cuidó y te medicó. Me sentí muy culpable, así
que ¡no te rías!.
-¡no tienes que sentirte culpable!, después de
todo, fue en defensa propia, ya que te estaba espiando...-Lance quiso tragarse
las últimas palabras que había dicho, pero no era posible así que agachó la cabeza
avergonzado. Melanie sonrió satisfecha.
-¡ves! Tenía razón, ¡me estabas espiando! A ver cómo
puedo castigarte...-bromeó Melanie.
-creo que con la flecha ya es suficiente-le siguió
la broma Lance.
-¿hay otro refugiado?-les interrumpió Carlos, aún
pensativo.
-no, ¿por qué?
- ¿no te ayudó un tal “Guts”?
Melanie miró a su tía y después al muchacho.
- ¿aún no se lo habéis dicho?
-Esperábamos a que estuvieras.-se disculparon.
Melanie se levantó y les indicó a sus hermanos que la siguieran.
-Lance, Alice, me gustaría que vinierais también
vosotros.
Era la primera vez que lo llamaba por nombre y eso
le sorprendió al joven, pero la sorpresa dejó paso a la felicidad. Los cinco
salieron a la parte trasera de la pequeña casita. Una vez allí, Alice silbó.
Solo tuvieron que esperar unos tres minutos, porque los lobos llegaron
literalmente “corriendo”. Guts, que cuando Melanie había entrado en casa se
había ido con los otros a cazar, llegó el primero. Y, ante los ojos como platos
de los dos mellizos, Alice y Melanie los presentaron.
-son... ¡lobos!-exclamó asustado Carlos.
-pero... ¡son peligrosos!-añadió su hermana.
- ¡y feroces!
-y...y... ¡tengo que sentarme!-declaró Martina.
Esa sí que era una sorpresa.
-no os preocupéis, me ocupo de ellos desde que son
cachorros. Son inofensivos para nosotros
y muy cariñosos. ¿Verdad Melanie?
- ¡y que lo digas! Guts, ¡ven aquí!
El lobo, muy obediente se acercó a su amiga.
-ven Martina, tócalo. ¡No te hará nada, te lo
aseguro!.
-Melanie, ¿estás segura? No sé yo si...
-Martina, durante estos tres meses he vivido con
ellos. ¿Ves que me falte algún brazo o pierna? ¿Me ves muerta? ¿Alguna
cicatriz? Estoy más segura que nunca. Acércate lentamente, si lo prefieres.
-vamos
Melanie, no la fuerces si no quiere.-le riñó Alice.
-no, es mejor si me acostumbro ahora, si es que
voy a vivir con ellos...
- ¡muy bien hermanita! Así me gusta, ¡con
entusiasmo!
A Martina le costó unos minutos acercarse, pero
cuando tocó por primera vez el pelo de Guts y vio que él no hacía nada, se
tranquilizó un poco.
- ¿ves? Es como un perro. Carlos, ¿te animas?
-me basta con verlo desde lejos. Me conformo.
-no intentes escabullirte.
-¡vale!, ¡vale!, ¡vale!, ¡me atrevo!.
Después de haber cenado y haber enviado a dormir a
los mellizos, Lance, Melanie y Alice se sentaron a hablar.
-tenemos que hacer algo, esta casa es demasiado
pequeña para cinco personas de las cuales cuatro son fugitivos. Necesitamos
otro escondite.
-ya. ¿Tienes alguna idea Alice?
-bueno, propongo que yo me quede en esta casa,
para no levantar sospechas y, además, podría hacer las compras para vosotros de
lo esencial. También podría mantenerme informada de todo lo que pasa.
-estoy de acuerdo.
-pero aún está el problema de adonde irnos.
Siguieron unos minutos de silencio absoluto, que
interrumpió Lance.
- ¡lo tengo! ¡Ya sé dónde ir!.
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