jueves, 7 de marzo de 2013

7.- Reunión




-tía, ¿dónde se fue ayer Lance después de venir? No lo vi irse.
-no te saludó porque no quería molestarte.
-ah. Y ¿adónde se fue?
-pues...yo diría...que a su casa...a dormir... ¿no?
Melanie frunció el entrecejo.
-¿de verdad?
-sí, ¿por qué tendría que mentirte?- se defendió Alice.
Melanie se estrechó de hombros. “Ya, ¿por qué tendría que mentirme?”
-tía, tu... ¿crees que podríamos impedir que el plan de Martin funcione?
-¡sin duda! No te preocupes que tu hermana no se tendrá que casar con ese muchacho. Todos los planes se puede impedir que se hagan, solo hace falta saber cómo.
Melanie le sonrió agradecida. Tenía razón, después de todo. ¡Aun podían evitarlo!
-ya te ha crecido el pelo.-dijo su tía para cambiar de tema.
-sí.-respondió Melanie tras habérselo peinado con la mano, ya más contenta y esperanzada.- Tendré que atármelo para usar el arco, se me podría enredar.
-pues ya que lo has dicho, ¿por qué no vas a practicar un poco? Llevas tres días sin  salir con Guts y tu arco.
-¡salgo ahora mismo!-cogió el arco de madera y unas cuantas flechas. Si quería ir a salvar a su hermana, tenía que estar lista, ¿no? Se puso una capa para que no la reconocieran si alguien la llegaba a ver y se disponía a salir cuando su tía añadió:
-pero no vayas muy lejos.
-tranquila, Alice, estaré apenas a diez minutos. Si me necesitas suena la campanita. ¡Adiós!
Cuando ya estuvo fuera, silbó para llamar a Guts.
-venga, ¡Guts! ¿Qué te parece si  hacemos una carrerita hasta esos robles?
El lobo le respondió con un aullido y saltándole encima. - ¿listo? Tres...dos...uno... ¡ya!
Salieron disparados, como cohetes. Iban saltando de piedra en piedra, encima de las raíces, evitando árboles y riendo. Como se puede imaginar, llegó primero Guts, que lo celebró con su compañera, que se había quedado atrás. Cuando por fin llegó a la meta, estaba sudada y jadeaba, apoyándose a un roble y doblada en dos.
-¡siempre me ganas!-le recriminó entre un respiro y otro.- ¡no es justo! El día que te gane, será tu día malo.
El lobo le chupó la cara.
-¡Guts! ¡Ya te he dicho mil veces que no lo hagas! Bueno, hemos venido aquí para practicar con el arco. Así que, ¡manos a la obra!
Melanie decidió que la diana sería un roble ya viejo y bastante estrecho. La primera flecha se clavó en el tronco de al lado. La segunda casi acaba en Guts, que se apartó a tiempo. La tercera ya se clavó en el árbol, pero a quince centímetros de distancia de la diana. Pero antes de disparar la cuarta, una voz la interrumpió.
-tensas demasiado el arco. Mira, suéltalo un poco.
Se le acercó y le cogió la mano y le enseñó, cogido a sus manos, como disparar. Cuando la flecha salió dispara en dirección de la diana, se clavó en el medio.
-¡muy bien!. Ahora lo sabes. Tenías más puntería cuando me disparaste a mí.
Y soltó una carcajada. Melanie bajó la cabeza para que Lance no se enterara que ella también estaba sonriendo. Cuando por fin pudo ponerse seria, le explicó.
-cuando te disparé a ti, estaba muerta de miedo y la puntería me mejoró sola. Ahora estoy bastante contenta, pero no creas que es porque estés tú aquí. Así que, ¿para qué has venido?
-te estamos esperando en casa. Hay una sorpresa para ti.
Melanie se fijó en sus ojos, de un verde oscuro intenso y notó alegría en ellos. En un momento, se imaginó la sorpresa. Abrió la boca para decir algo, pero se fue corriendo hacia el refugio. Si era esa la sorpresa, ¿había traído a su hermana Martina? Guts la seguía desde muy cerca, pero ella corría como una loca. Al llegar, ya no tenía aliento. Intentando recomponerse abrió la puerta de un tirón y sus dudas se verificaron. Martina, mas confundida que nunca y pálida estaba sentada en el sofá con Alice. Pero también había otra sorpresa.
-hermanita, ¡tienes el pelo mas rizado que nunca!.¡Será la humedad!.- le dijo Carlos, a sus espaldas. Cuando Melanie se giró con los ojos fuera de las órbitas por verle allí, se puso a reír y se abrazaron. Mientras, Martina también se había levantado y estaba esperando su turno para abrazarla. Cuando acabaron de saludarse, Lance ya estaba en la puerta de la cocina y todos los demás se habían sentado alrededor de la mesa.
-pero, ¿cómo habéis llegado hasta aquí?-quiso saber Melanie.
-todo gracias a ese chico-le indicó Martina.-Lance.
Cuando Melanie le miró, en su rostro ya no había odio hacia él, sino agradecimiento y por primera vez se perdió en sus ojos.
-llegó esta mañana a casa con una carta para Martina.-la despertó Carlos.
-pero yo no sé leer-añadió ella. Alice se sonrojó.
-lo había pasado por alto.-se excusó.
-padre no estaba en casa y solo estábamos Carlos y yo. Ya que la carta no servía para nada, nos lo explicó todo él.
-¡me costó mucho convencerles!-dijo Lance.
-bueno, es que si uno viene, dice que conoce a tu hermana que se ha escapado, que el ex prometido de ella quiere casarse contigo para tenderle una trampa y que ha venido a salvarte, uno se queda un poco inseguro.
-y ¿por qué está Carlos? ¡A él no querían casarlo!-exclamó Melanie divertida. Había vuelto a estar serena y contenta. Hasta había recuperado un poco el humor. Y Lance no se equivocaba. La Melanie feliz era mil veces mejor que la enfadada.
-¡ya sé que no querían casarse conmigo! Pero no quería quedarme solo y sin vosotras...además ¡también os tengo que proteger!
-pues, Carlos, ¡yo me puedo proteger sola perfectamente!.-le respondió Melanie –tengo un arco y se cómo utilizarlo.
Un montón de carcajadas llegaron de la parte de Lance. Todos le miraron sorprendidos.
-¿nos podrías explicar que hace tanta gracia?
-¡es por cómo nos conocimos Melanie y yo!
-¿da tanta gracia como os conocísteis?-Martina miró sorprendida a su hermana, que estaba muy roja, lo que resaltaba porque, al ser pálida, se le ponían las mejillas muy moradas.- ¡quiero saberlo!
-Melanie, ¿quieres explicarlo tú?-le pregunto amablemente Lance.
-no, no...¡Da igual!.-le aseguró tapándose la cara con las manos.
-venga, ¡queremos saberlo!
-pues yo iba por el bosque, cuando llegué cerca de un lago. Me acerqué y cuando estaba a punto de llegar a la orilla...
-no es que estabas llegando, ¡me estabas espiando!
Lance hizo como si nada.
-pues cuando estaba llegando, a vuestra hermana se le mejoro la puntería y me disparó. La flecha se me clavó en el hombro, por suerte, pero me desmayé. Luego ya no me acuerdo.
-resulta que Guts y yo te trajimos hasta esta casa, y entonces mi tía Alice te cuidó y te medicó. Me sentí muy culpable, así que ¡no te rías!.
-¡no tienes que sentirte culpable!, después de todo, fue en defensa propia, ya que te estaba espiando...-Lance quiso tragarse las últimas palabras que había dicho, pero no era posible así que agachó la cabeza avergonzado. Melanie sonrió satisfecha.
-¡ves! Tenía razón, ¡me estabas espiando! A ver cómo puedo castigarte...-bromeó Melanie.
-creo que con la flecha ya es suficiente-le siguió la broma Lance.
-¿hay otro refugiado?-les interrumpió Carlos, aún pensativo.
-no, ¿por qué?
- ¿no te ayudó un tal “Guts”?
Melanie miró a su tía y después al muchacho.
- ¿aún no se lo habéis dicho?
-Esperábamos a que estuvieras.-se disculparon. Melanie se levantó y les indicó a sus hermanos que la siguieran.
-Lance, Alice, me gustaría que vinierais también vosotros.
Era la primera vez que lo llamaba por nombre y eso le sorprendió al joven, pero la sorpresa dejó paso a la felicidad. Los cinco salieron a la parte trasera de la pequeña casita. Una vez allí, Alice silbó. Solo tuvieron que esperar unos tres minutos, porque los lobos llegaron literalmente “corriendo”. Guts, que cuando Melanie había entrado en casa se había ido con los otros a cazar, llegó el primero. Y, ante los ojos como platos de los dos mellizos, Alice y Melanie los presentaron.
-son... ¡lobos!-exclamó asustado Carlos.
-pero... ¡son peligrosos!-añadió su hermana.
- ¡y feroces!
-y...y... ¡tengo que sentarme!-declaró Martina. Esa sí que era una sorpresa.
-no os preocupéis, me ocupo de ellos desde que son  cachorros. Son inofensivos para nosotros y muy cariñosos. ¿Verdad Melanie?
- ¡y que lo digas! Guts, ¡ven aquí!
El lobo, muy obediente se acercó a su amiga.
-ven Martina, tócalo. ¡No te hará nada, te lo aseguro!.
-Melanie, ¿estás segura? No sé yo si...
-Martina, durante estos tres meses he vivido con ellos. ¿Ves que me falte algún brazo o pierna? ¿Me ves muerta? ¿Alguna cicatriz? Estoy más segura que nunca. Acércate lentamente, si lo prefieres.
 -vamos Melanie, no la fuerces si no quiere.-le riñó Alice.
-no, es mejor si me acostumbro ahora, si es que voy a vivir con ellos...
- ¡muy bien hermanita! Así me gusta, ¡con entusiasmo!
A Martina le costó unos minutos acercarse, pero cuando tocó por primera vez el pelo de Guts y vio que él no hacía nada, se tranquilizó un poco.
- ¿ves? Es como un perro. Carlos, ¿te animas?
-me basta con verlo desde lejos. Me conformo.
-no intentes escabullirte.
-¡vale!, ¡vale!, ¡vale!, ¡me atrevo!.

Después de haber cenado y haber enviado a dormir a los mellizos, Lance, Melanie y Alice se sentaron a hablar.
-tenemos que hacer algo, esta casa es demasiado pequeña para cinco personas de las cuales cuatro son fugitivos. Necesitamos otro escondite.
-ya. ¿Tienes alguna idea Alice?
-bueno, propongo que yo me quede en esta casa, para no levantar sospechas y, además, podría hacer las compras para vosotros de lo esencial. También podría mantenerme informada de todo lo que pasa.
-estoy de acuerdo.
-pero aún está el problema de adonde irnos.
Siguieron unos minutos de silencio absoluto, que interrumpió Lance.
- ¡lo tengo! ¡Ya sé dónde ir!.




No hay comentarios:

Publicar un comentario